Las mujeres hemos iniciado nuestra revolución. Sin duda y sin freno. Todas. Nos hemos cansado de discursos vacíos, de planes y medidas incompletas y de discriminaciones constantes, tanto en las grandes decisiones como en los pequeños micro machismos diarios. Y hemos dicho bastante a nuestra manera, con mucha preparación, mucha medida, mucho trabajo, discursos muy elaborados, mucha sororidad y una enorme capacidad autocrítica. Precauciones imprescindibles en un debate que sabemos será complicado, puesto que la hegemonía del poder sigue siendo machista. Tenemos claro que ha llegado el momento que los hombres den el paso al lado y que nos dejen ocupar el lugar que nos corresponde en todas partes; en los trabajos, en las familias, en las asociaciones, en las administraciones, en política, en el espacio público, en los medios de comunicación, en la cultura, en los libros y un largo etcétera con que podríamos llenar toda la página. Desde el 2016 las plazas y calles mostraban claramente un redimensionamentde las luchas feministas con muchas más mujeres a la calle y mucho más jóvenes, discursos renovados, nuevas preocupaciones y nuevas consignas.

El 2015 entramos a la institución y muchas, nos vimos abrumadas por el machismo que se respira. Las candidaturas municipalistas del cambio tenemos claro cuál es nuestro papel y creemos firmemente que las instituciones tienen que acompañar la revolución feminista con cambios profundos dentro y fuera de la institución y en las políticas efectivas que cambien la vida de las mujeres a la ciudad. Y esto hemos hecho a lugares como por ejemplo Barcelona, donde hemos creado unidades en las áreas importantes para verificar que todas las políticas que se hacen no discriminan las mujeres sino que nos visibilizan y responden a nuestras necesidades. Nadie duda que la ciudad de Barcelona tiene un gobierno comprometido con los feminismos.
Pero la tónica de las instituciones en las cuales no gobiernamos no es esta. Por ejemplo, en Terrassa me sigue preocupando gap entre los discursos y los hechos. Cuando se aprueban las declaraciones de el 8M por unanimidad, porque nadie tiene ninguna intención de implementarlas. Cuando nos piden que no intervengamos en el pleno por habla de feminismos, porque hay acuerdo. Cuando se aprueban resoluciones vacías de contenido y de puro "postureo". A título de ejemplo, creo que el colmo del cinismo fue la propuesta en que a la vez que proclamaba Terrassa Ciudad Feminista, se aprobaba una rebaja del Pla de Igualdad que llevaban incumpliendo 5 años.

Por otro lado, a estas alturas también sorprende la impermeabilidad de las instituciones cabe esta revolución feminista. Aquello que consta el papel no tiene nada que ver con las políticas efectivas que se llevan a cabo. Y las demandas de los colectivos feministas son ninguneadas de manera sistemática; argumentando que no se ajustan a la legalidad, no son realistas, son poco claras o que no generan consenso. Cómo si buscar la manera de hacerlas realidad no fuera política, sino la aplicación de un manual.

Yo este 8 de Marzo haré huelga, y el 9 me lo estoy pensando.

Anna Rius
Regidora de Terrassa en Comú