El Vapor Ros es un recinto industrial construido durante la segunda mitad del siglo XIX y ampliado a inicios del siglo XX por el arquitecto Lluís Muncunill. Ubicado en el interior de la isla que delimitan las calles Puig Novell, del Racó, Portal Nou, de l'Església y Plaça Vella, se ha mantenido a lo largo de la historia aislado de su entorno y prácticamente intacto hasta el día de hoy. Este hecho le ha permitido no sólo mantener el elevado valor arquitectónico de sus edificios modernistas sino también preservar un ambiente y paisaje industrial único en estos momentos en la ciudad. En la actualidad se desarrollan una serie de actividades en diferentes espacios del interior del recinto. Hay que valorar muy positivamente la existencia de estas actividades, puesto que, aunque no ocupen la totalidad de los espacios, son las que han permitido conservar y mantener vivo el recinto. Aun así, si se quieren preservar los valores descritos anteriormente, creo que se debería iniciar algún tipo de acción encaminada a la preservación de los valores arquitectónicos y ambientales del ámbito, mediante un proceso de recuperación y activación de la totalidad de los espacios.

En la historia reciente de Terrassa hemos podido observar como la ciudad ha realizado un intenso proceso de transformación de antiguos recintos industriales que una vez cesaban su actividad industrial se transformaban fundamentalmente en nuevos espacios residenciales. Pienso en casos como el Vapor Badiella, Vapor Sala, Terrassa Industrial, Vapor Ventalló o el más reciente Vapor Gran, entre muchos otros. Ha sido un modelo de transformación urbana que se ha caracterizado por tres cuestiones. La primera es que son operaciones que dependen de la plusvalía inmobiliaria, es decir, que la recalificación urbanística le permita a un promotor inmobiliario compensar la inversión necesaria para la compra de suelo y construcción con la venta de viviendas y locales para conseguir un beneficio económico, normalmente elevado. Es evidente que con esta lógica los nuevos espacios públicos que generan estas actuaciones y que han justificado su interés general, aunque a veces no sean necesarios, no son realmente cesiones gratuitas sino que repercuten en el precio de venta de las viviendas, hecho que ha contribuido a la burbuja inmobiliaria que hemos sufrido. De lo contrario, en el momento en que la posibilidad de plusvalía desaparece, este tipo de operación se para, cómo ha sucedido en el caso del Vapor Cortés o la AEG, hecho que demuestra su carácter especulativo. La segunda es que son actuaciones de carácter expreso, en poco tiempo se ejecuta una actuación que significa la aparición repentina de nuevos espacios para la ciudad, que a menudo no son de fácil asimilación social, como por ejemplo ha sucedido en el caso de Vapor Gran o de la Terrassa Industrial. Y la tercera es que han sido operaciones que han arrasado con el ambiente y paisaje industrial existente, dejando únicamente como testigo alguna chimenea o edificación aislada para que no se dijera.

Estaría bien, que una vez pasado este periodo, hiciéramos una mirada crítica para intentar extraer alguna lección aprendida de todo loque ha sucedido y nos preguntáramos si estos tipos de operación son pertinentes en estos momentos y si no existen otros modelos de actuación más apropiados. Por este motivo rechazamos la propuesta de modificación puntual de planeamiento (recalificación) para el Vapor Ros que el gobierno del PSC propuso el pasado mes de noviembre, puesto que insistía en el mismo tipo de operación especulativa.

Desde Terrassa en Comú creemos que sí que existe otro modelo de intervención. Un modelo que no especule con recalificaciones urbanísticas sino que genere inmediatamente un proceso de actuación y de gestión del espacio a partir de la identificación de necesidades reales y no justificaciones para el negocio inmobiliario, que sea respetuoso con los valores patrimoniales existentes y que se pueda aplicar a un ritmo adecuado para facilitar su asimilación social. Creemos que es posible y necesario construir un proyecto colectivo auto organizado a partir de las actividades existentes y de todas aquellas otras entidades que se quieran sumar. Un proyecto que se entienda como positivo para la ciudad y que sea capaz de asumir un proceso de activación y recuperación del Vapor Ros. Es más, la creación de este proyecto es el que permitiría en la ciudad reclamar la cesión del espacio a la actual propietaria, la Generalitat de Catalunya, y evitar que tenga la tentación de venderse un espacio histórico y patrimonial de Terrassa al mejor postor que quiera especular con el Vapor Ros.


Xavier Matilla
Portaveu del Grup Municipal de Terrassa en Comú